Claudia López Lloreda y Natalia Mesa tradujeron este artículo.
La comunidad científica en Argentina está tomando las calles—nuevamente. Algunos docentes y empleados participaron en una huelga de seis días el 27 de abril y el 12 de mayo planifican marchar a la Casa Rosada, la sede del presidente de Argentina, en la Plaza de Mayo en Buenos Aires para protestar contra el deterioro salarial y los recortes del gobierno federal a la financiación científica. Será la cuarta marcha en apoyo a la educación, universidades públicas y la ciencia nacional desde abril del 2024.
“Estamos bajo un régimen que desprecia ciencia y cultura y el sistema científico”, dice Daniel Tomsic, profesor asociado de neurociencia en la Universidad de Buenos Aires, quien participó de la huelga y dice que asistirá a la marcha. En sus 30 años en la Universidad de Buenos Aires, añade, “nunca vi una crisis como esta”.
A finales del 2023, poco después de asumir el cargo, el gobierno del presidente de Argentina Javier Milei comenzó a congelar fondos para la investigación científica como parte de un esfuerzo mayor para reducir el déficit y la inflación del país. Desde entonces, los salarios de investigadores y otros empleados en universidades públicas han efectivamente caído un 30 a 40 por ciento, según un informe del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIICTI).


