ESTE ARTÍCULO FORMA PARTE DE NUESTRO INFORME SOBRE EL ESTADO DE LA NEUROCIENCIA EN AMÉRICA LATINA.

Tree frog climbing.
Con ganas de amar: Ranitas de zarzal son modelos para estudiar como neuropéptidos hipotalámicos influyen en el comportamiento.
Fotografía de Esteban Russi
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Cómo los neuropéptidos afectan el canto de la ranita de zarzal

Según una investigación uruguaya, los neuropéptidos modulan el “canto de amor” de la ranita de zarzal.

Natalia Mesa tradujo este artículo.

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La ranita de zarzal (Boana pulchella) abunda en las zonas templadas de Uruguay, así como en partes de Argentina y el sur de Brasil. Durante las noches cercanas a los equinoccios de primavera y otoño, los machos se juntan y cantan en coro para competir por la atención de las hembras. Cada uno tiene un repertorio limitado de notas y necesita modular su canto para sobresalir entre el resto.

Estas ranas arbóreas le están sirviendo a Paula Pouso—profesora adjunta de histología y embriología en la Universidad de la República, en Montevideo—para estudiar cómo los neuropéptidos moldean las interacciones sociales y para desentrañar los circuitos cerebrales que hay detrás de comportamientos tan complejos. 

Two tree frogs huddling together.
Anfibios amorosos: Los machos de la rana Boana pulchella ranitas se agrupan y cantan en coro para atraer a sus parejas.
Fotografía de Esteban Russi

Por ejemplo, la temperatura y la época del año afectan el canto del macho, según reportó el equipo de Pouso el año pasado, pero estos factores no explican toda la variabilidad en cómo y cuándo cantan las ranas. En experimentos de campo, antagonistas de vasotocina, el precursor evolutivo de la oxitocina y la vasopresina en mamíferos, disminuyen la probabilidad de que los machos canten e incrementan la frecuencia dominante en la que cantan, según resultados aún no publicados.

Pouso y su equipo están planeando estudiar con mayor detalle cómo la vasotocina modifica el canto de las ranas e identificar qué regiones del cerebro intervienen en la modulación del canto mediada por los neuropéptidos. A largo plazo, el grupo quiere entender qué combinación de factores ambientales e individuales explica esa variabilidad. “Tenemos un método: primero miramos a nivel poblacional, después a nivel individual, y luego aplicamos un modulador en el campo para ver cómo cambia la conducta del animal”, dice Pouso.

Tree frog in reedy, watery environment.
Molécula del amor: Los neuropéptidos hipotalámicos influyen en la probabilidad de que las ranas canten y en la frecuencia a la que cantan
Fotografía de Esteban Russi
Tree frog in reedy, watery environment.
Canto salado: En estudios de campo, los investigadores administraron a ranas antagonistas de neuropéptidos hipotalámicos y solución salina.
Fotografía de Esteban Russi
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Un coro: Paula Pouso, profesora asociada de la Universidad de la República, está desarrollando a Boana pulchella, también conocida como la ranita de zarzal, como organismo modelo para estudiar la comunicación social.
Video de Mateo de León Mackey

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