Claudia López Lloreda tradujo este artículo.
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Las mariposas prefieren parejas que se parezcan a ellas mismas, y hasta especies relacionadas presentan patrones, adaptaciones ecológicas y comportamientos marcadamente distintos.
“Estamos tratando de entender cómo los comportamientos están codificados en el cerebro y cómo esto contribuye a la diversificación de las especies”, dice José Borrero, estudiante graduado en el laboratorio de Richard Merrill en la Ludwig Maximilian University en Munich, quien estudia mariposas Heliconius en colaboración con Carolina Pardo-Díaz, profesora asociada de genética evolutiva, filogeografía y ecología en la Universidad del Rosario in Bogotá, y Camilo Salazar, profesor en el mismo departamento.
Colombia tiene una densidad extraordinaria de especies de Heliconius con distintas poblaciones en cada lado de la Cordillera de los Andes, haciéndolo un lugar ideal para estudiar cómo las diferencias en los hábitats moldean el cerebro, el comportamiento y la genética de las mariposas. Un único locus genético explica alrededor de 30 por ciento de la diferencia en la preferencia de pareja entre dos especies —un efecto sorprendentemente grande para un comportamiento tan complejo como la elección de pareja—, afirma Merrill, profesor de biología evolutiva en la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich. Los genes que determinan la preferencia de pareja se encuentran físicamente cerca en el genoma de aquellos que controlan el patrón de las alas, lo cual significa que tienden a heredarse conjuntamente y ayudan a mantener las poblaciones diferenciadas, incluso cuando se cruzan entre sí. Ambos conjuntos de genes pueden traspasar por completo las barreras entre especies mediante la hibridación, transmitiendo las preferencias de comportamiento y los patrones de coloración entre linajes.
Ahora el laboratorio quiere entender cómo esas diferencias genéticas se traducen en diferencias en el cerebro.
