Natalia Mesa tradujo este artículo.
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Latinoamérica es una de las regiones con mayor riqueza biológica del planeta, un mosaico enorme y variado de ecosistemas. Ahí, los científicos aprovechan esa biodiversidad para investigar el cerebro, usando especies que no existen en ningún otro lugar, muchas veces trabajando directamente en el campo en lugar del laboratorio.
Aunque la neuroetología no es algo nuevo en la región, ha crecido en la última década, a medida que investigadores independientes desarrollan nuevos modelos animales. Ranas, mariposas y aves cantoras de Uruguay, Colombia y Argentina están ayudando a entender mejor la comunicación, la elección de pareja y el comportamiento social en su ambiente natural. Otros estudios ya identificaron los genes detrás del comportamiento agresivo en peces eléctricos, y explicaron los circuitos neuronales que gobiernan la depredación y la huida en cangrejos.
“Latinoamérica tiene una estación experimental de campo gigantesca que quizás no la tenemos tan explotada”, dice Paula Pouso, profesora adjunta de histología y embriología en la Universidad de la República en Montevideo. “Cada vez que vamos de campo traemos preguntas nuevas porque mirar el comportamiento, lo que ocurre, abre muchas preguntas.”
La región permite estudiar especies que de otra manera serían inaccesibles, y muchas veces en abundancia y a bajo costo, una necesidad en países donde el financiamiento para la investigación es escaso e impredecible. Los investigadores del Cono Sur, en particular, aseguran que la ecología local les permite formar una comunidad científica cerca de casa.
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