ESTE ARTÍCULO FORMA PARTE DE NUESTRO INFORME SOBRE EL ESTADO DE LA NEUROCIENCIA EN AMÉRICA LATINA.

Stages of neurodegeneration: Neurofibrillary tangles at different stages of neurodegeneration are labeled with phosphorylated tau antibodies (green and blue).
Etapas de la neurodegeneración: Las marañas neurofibrilares en diferentes etapas de la neurodegeneración están marcados con anticuerpos contra la proteína tau fosforilada (verde y azul). (Publicado en Journal of Alzheimer’s Disease, 2026.)
Cortesía de José Luna-Muñoz
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Reimaginando el banco de cerebros de México

Desde que el investigador de la enfermedad de Alzheimer José Luna-Muñoz se hizo cargo del banco de cerebros—el más antiguo de América Latina—en 2011, ha incorporado otros tipos de tejidos y trabaja para ampliar la captación de donantes a las zonas rurales.

By Alejandra Manjarrez
28 August 2026 | 9 min read

Alejandra Manjarrez tradujo este artículo.

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Durante años, el primer banco de cerebros de América Latina —fundado en Ciudad de México en 1994— almacenó únicamente fragmentos de cerebros. Sin embargo, desde que el investigador de la enfermedad de Alzheimer José Luna-Muñoz se hizo cargo de la colección en 2011, la ha transformado en el BioBanco Nacional de Demencias de México, que actualmente cuenta con 17 cerebros completos de personas con enfermedad de Alzheimer y otras afecciones neurodegenerativas, además de otros órganos y tejidos.

Los planes futuros incluyen ampliar aún más la colección mediante la obtención de muestras de sangre, saliva y orina de los donantes en vida, así como de líquido cefalorraquídeo cuando se extraiga por razones clínicas, explica Luna-Muñoz, director del biobanco en la Universidad Politécnica de Pachuca. Al mismo tiempo, trabaja para generar conciencia sobre la donación de cerebros más allá de las principales ciudades de México, a través de actividades de acercamiento a la comunidad e iniciativas educativas, con el objetivo de llegar a las comunidades rurales de todo el país.

Luna-Muñoz habló con The Transmitter sobre por qué cada país —especialmente los de América Latina, donde actualmente solo cinco países cuentan con un banco de cerebros— necesita su propio biobanco, los desafíos de desarrollar y mantener uno, y los consejos que daría a quienes esperan establecer iniciativas similares.

Esta entrevista ha sido editada para mayor brevedad y claridad.

The Transmitter: ¿Cuál es la importancia de que México cuente con su propio biobanco?

José Luna-Muñoz: Los primeros bancos de cerebros se establecieron en Estados Unidos y Europa, por lo que las poblaciones que viven allí son las que se han estudiado más a fondo. Sin embargo, América Latina cuenta con grandes comunidades indígenas y poblaciones mestizas, además de dietas y estilos de vida distintos. Por ello, cada país debería tener su propio biobanco para identificar sus propios factores de riesgo para enfermedades como el Alzheimer. 

Por ejemplo, el banco de cerebros del Grupo de Neurociencias de Antioquia, en Colombia, se ha convertido en un referente mundial para el estudio del Alzheimer genético de inicio temprano. Ha permitido a los investigadores estudiar tejido post mortem de personas que, en vida, participaron en estudios longitudinales. El análisis de los cerebros donados y de otras muestras recolectadas durante estos estudios ha dado lugar a descubrimientos únicos sobre mutaciones hereditarias asociadas con la enfermedad de Alzheimer.

Un banco de cerebros nacional también permite que investigadores locales y jóvenes neurocientíficos tengan acceso a tejido humano sin tener que irse al extranjero, fomentando tanto el interés como la pasión por este campo.

Si nosotros no generamos estos datos, tendremos que depender de modelos animales o de resultados obtenidos en otras poblaciones, pero estos no pueden reemplazar el estudio del tejido cerebral humano de nuestras propias comunidades.

Brain of a person with Alzheimer’s diease.
Alzheimer’s lesions.
Silver-stained brain sample from a person with Alzheimer’s disease.
Brain donations allow researchers to study the tissue loss, enlarged ventricles and hippocampal atrophy associated with Alzheimer’s disease. (Published in the Journal of Alzheimer’s Disease, 2026.)
Neuron from a person with Alzheimer’s disease stained in red.
Neurofibrillary tangles in the brain of a person with Alzheimer’s disease.
Museum exhibit includes brain in a bowl of water.
Preservando la patología: Los surcos ensanchados visibles en este cerebro de una persona con la enfermedad de Alzheimer reflejan la pérdida progresiva de tejido cerebral que los investigadores estudian a través del biobanco.
José Luna-Muñoz

TT: ¿Cómo ha contribuido el banco de cerebros a la investigación en neurociencias?

JL-M: Uno de nuestros primeros estudios comparó el desempeño de dos tintes en tejido cerebral fijado y fresco: el rojo tiazina y el tioflavina, ambos con afinidad por las estructuras de lámina beta presentes en la proteína tau y el beta-amiloide en tejido fijado. Descubrimos que, a diferencia del tioflavina, el rojo tiazina también tiñe estas lesiones en tejido fresco. Esto es importante porque, en algunos países, las creencias religiosas o culturales impiden la donación del cerebro completo. En esos casos, una biopsia obtenida a través de una pequeña fisura en el cráneo podría ser suficiente para este tipo de tinción.

Otra contribución ha sido nuestro trabajo sobre la proteína tau. Nuestra investigación sugiere que una forma truncada específica de tau es la principal especie tóxica que inicia la agregación de tau en la enfermedad de Alzheimer al reclutar tau normal en agregados patológicos. Proponemos que, en lugar de ser intrínsecamente tóxica, la fosforilación de tau es una respuesta celular protectora que enmascara este fragmento tóxico, retrasando la apoptosis neuronal y preservando la función neuronal durante más tiempo.

TT: ¿Cuáles han sido los principales retos para desarrollar y mantener un biobanco de cerebros?

JL-M: Uno de los grandes desafíos ha sido el financiamiento; a veces tenemos que cubrir nosotros mismos los gastos urgentes. Y aún nos falta equipo clave; por ejemplo, un ultracongelador para almacenar tejido cerebral congelado para estudios bioquímicos y genéticos.

Otro obstáculo es la falta de una política pública clara en México que favorezca la donación de cerebros para la investigación. Como resultado, las donaciones son muy limitadas y por lo general provienen de familias que buscan un diagnóstico definitivo para un familiar con demencia.

Las actitudes culturales y los tabúes son otro desafío. Por ejemplo, algunas personas creen que un ser querido debe ser enterrado con todos sus órganos intactos como señal de respeto. Otros creen que la donación de órganos puede afectar el descanso espiritual de la persona fallecida o interferir con prácticas funerarias tradicionales. Muchas familias también cuestionan la validez de un diagnóstico de muerte cerebral, lo que genera resistencia a autorizar la donación de órganos. A otros les preocupa que registrarse como donante de órganos signifique que los médicos no harán todo lo posible por salvarles la vida.

Por último, también ha sido un reto generar conciencia más allá de las grandes ciudades. Lo que buscamos ahora es llegar a las comunidades rurales mediante el establecimiento de alianzas con hospitales rurales y clínicas comunitarias, y el desarrollo de una logística con empresas especializadas para garantizar que las muestras donadas lleguen al biobanco en condiciones óptimas. También estamos desarrollando un museo itinerante donde las personas puedan observar a través de un microscopio las lesiones microscópicas asociadas con la enfermedad de Alzheimer, junto con fotografías de cerebros afectados por esta enfermedad.

TT: ¿Qué recomendaciones daría a un equipo de investigación interesado en establecer un banco de cerebros?

JL-M: El primer requisito es contar con un equipo de investigación comprometido y con experiencia en el manejo de tejido cerebral, incluyendo experiencia especializada en enfermedades altamente infecciosas, como las priónicas. Después, la propia institución debe comprender la importancia de establecer un banco de cerebros. El tercer paso es generar conciencia en la comunidad para que las personas comprendan el valor de la donación de cerebros. Los recursos llegarán poco a poco a través de proyectos de investigación y colaboraciones, pero todo debe estar basado en sólidos principios éticos y en el respeto por los donantes y sus familias. Por último, los investigadores necesitan tener una visión científica clara y definir cuidadosamente las preguntas que el banco de cerebros debe ayudar a responder. 

Hemos aplicado estos mismos principios más allá de México, brindando orientación a países como Perú y Uruguay, que están interesados en establecer sus propios bancos de cerebros. Tenemos una colaboración particularmente estrecha con la República Dominicana. En 2019, unos colegas de ese país nos pidieron ayuda para establecer su propio banco de cerebros. Viajé a la República Dominicana para ayudar a poner en marcha la iniciativa, generando conciencia pública mediante entrevistas en radio y televisión y en periódicos. También creamos allí un museo itinerante, similar al que tenemos en México. Hoy, ese banco de cerebros está en pleno funcionamiento y forma parte de una red cada vez mayor de bancos de cerebros en América Latina.

Con reporteo por Claudia López Lloreda.

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