Alejandra Manjarrez tradujo este artículo.
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Durante años, el primer banco de cerebros de América Latina —fundado en Ciudad de México en 1994— almacenó únicamente fragmentos de cerebros. Sin embargo, desde que el investigador de la enfermedad de Alzheimer José Luna-Muñoz se hizo cargo de la colección en 2011, la ha transformado en el BioBanco Nacional de Demencias de México, que actualmente cuenta con 17 cerebros completos de personas con enfermedad de Alzheimer y otras afecciones neurodegenerativas, además de otros órganos y tejidos.
Los planes futuros incluyen ampliar aún más la colección mediante la obtención de muestras de sangre, saliva y orina de los donantes en vida, así como de líquido cefalorraquídeo cuando se extraiga por razones clínicas, explica Luna-Muñoz, director del biobanco en la Universidad Politécnica de Pachuca. Al mismo tiempo, trabaja para generar conciencia sobre la donación de cerebros más allá de las principales ciudades de México, a través de actividades de acercamiento a la comunidad e iniciativas educativas, con el objetivo de llegar a las comunidades rurales de todo el país.
Luna-Muñoz habló con The Transmitter sobre por qué cada país —especialmente los de América Latina, donde actualmente solo cinco países cuentan con un banco de cerebros— necesita su propio biobanco, los desafíos de desarrollar y mantener uno, y los consejos que daría a quienes esperan establecer iniciativas similares.
Esta entrevista ha sido editada para mayor brevedad y claridad.
The Transmitter: ¿Cuál es la importancia de que México cuente con su propio biobanco?
José Luna-Muñoz: Los primeros bancos de cerebros se establecieron en Estados Unidos y Europa, por lo que las poblaciones que viven allí son las que se han estudiado más a fondo. Sin embargo, América Latina cuenta con grandes comunidades indígenas y poblaciones mestizas, además de dietas y estilos de vida distintos. Por ello, cada país debería tener su propio biobanco para identificar sus propios factores de riesgo para enfermedades como el Alzheimer.
Por ejemplo, el banco de cerebros del Grupo de Neurociencias de Antioquia, en Colombia, se ha convertido en un referente mundial para el estudio del Alzheimer genético de inicio temprano. Ha permitido a los investigadores estudiar tejido post mortem de personas que, en vida, participaron en estudios longitudinales. El análisis de los cerebros donados y de otras muestras recolectadas durante estos estudios ha dado lugar a descubrimientos únicos sobre mutaciones hereditarias asociadas con la enfermedad de Alzheimer.
Un banco de cerebros nacional también permite que investigadores locales y jóvenes neurocientíficos tengan acceso a tejido humano sin tener que irse al extranjero, fomentando tanto el interés como la pasión por este campo.
Si nosotros no generamos estos datos, tendremos que depender de modelos animales o de resultados obtenidos en otras poblaciones, pero estos no pueden reemplazar el estudio del tejido cerebral humano de nuestras propias comunidades.
